Sexualidad de un hombre al azar

Con este artículo no busco generalizar, ni tampoco sentar unas bases dogmáticas sobre lo que significa la sexualidad masculina, creo que cada persona tiene una sexualidad propia y posee la capacidad de transformarla según sus posibilidades. En todo caso, esta “sexualidad de un hombre al azar” es un ejemplo, en primera persona, de lo que significa la sexualidad para un hombre cualquiera, en este caso, yo mismo, quien escribe estas palabras y que, de buen seguro, otros hombres, podrán hacer también suyas…

He sido educado desde pequeño en la sexualidad típica de un hombre blanco, heterosexual y hasta podría decir, incluso, de clase media. Esto significa que el sexo, ya de por si, significa un aspecto fundamental a la hora de definir mi personalidad. Según este patrón educativo, si no tienes sexo, eres, sencillamente, un fracasado social. En cambio, si lo tienes, eres un afortunado, un triunfador, el mejor “macho alfa dominante”… Lo peor que te podían decir era que fueses “maricón”, un “picha floja” o todo aquello que desacreditase los patrones blancos, heteronormativos y de clase media… Realmente no es fácil sobrevivir en un mundo así, o te adaptas, o huyes o, sencillamente terminarás pagando tarde o temprano lo que significa esta sexualidad culturalmente impuesta.

Yo, por suerte o por desgracia, nunca he tenido especiales “problemas” dentro de este ambiente: nunca he sentido deseos hacia otros hombres, he tenido un “éxito” -nefasta palabra, pero en el caso definiría el valor social comunmente aceptado- bastante aceptable con mujeres, tampoco he padecido, de momento, ningún episodio de impotencia -bueno, quizás algún gatillazo, pero después de 5 ó 6 birras entre amigotes, resulta que es algo relativamente normal-, en definitiva, tengo una sexualidad socialmente aceptada y que encajaría dentro de los patrones culturalmente dominantes.

Sin embargo, en mis años de vida, he podido observar que todo aquello que no encajase dentro de estos esquemas dominantes, tarde o temprano, era atacado por la sexualidad dominante, una sexualidad patriarcal, que otorga al “macho” la iniciativa, la elección, la temporalización, en definitiva, que otorga al hombre blanco, heterosexual y de clase media el control y dominio en este aspecto vital. Recuerdo que un amigo mío, cuando tenía 13 años, era un chico que se decía que era homosexual: se juntaba con las chicas, jugaba a muñecas con ellas, no le gustaba el fútbol, tenía eso que se decía “ramalazo”… En definitiva, pese a que algunxs eramos amigos y nos importase bien poco su sexualidad o identidad de género, para la gran mayoría este amigo era objeto de mofa. Día a día debió de padecer las humillaciones de la sexualidad dominante, día a día debió de luchar por hacerse un hueco propio en este mundo, sin embargo su fortaleza, entereza y determinación por ser él mismo se truncó en unas colonias escolares… Otro chico de clase, juntamente a otro compinche, arrinconaron a mi amigo en una pequeña sala, le pegaron, le adjetivaron al grito de “marica” y finalmente, le obligaron a realizar unas felaciones y quién sabe qué más… Meses después, supimos muchos de sus amigos lo ocurrido, nos sentimos mal y, ahora, muchos años después, he de decir que también soy culpable de lo que pasó. Cuando le gritaban “marica”, cuando le cantaban una canción con un estribillo que decía “tu novia tiene rabo, tu novia usa condón”, no decía nada, callaba, miraba hacia otro lado. Tenía miedo, a que se me apartase de los cánones sexuales aceptados, a que yo fuese también blanco de las mofas, en definitiva, cobardía pura y dura. Mi silencio me hizo cómplice.

La sexualidad dominante excluye a gays y as, es algo evidente, se salen de la heteronormatividad, pero también jerarquiza la posición del hombre con respecto a la mujer. El hombre es activo, la mujer pasiva, el hombre es dominante, la mujer es sumisa, uno “da”, y la otra “recibe”. Nada que cualquiera no conozca. Sólo hay que ver una película porno de un actor como Rocco Sifredi para entenderla.

Esta sexualidad dominadora es la causante que cada día millones de mujeres se sometan a los designios de un hombre. Recuerdo una vecina de mi barrio, tenía una veintena de años, era gitana y tenía un novio que era “trilero” en las conocidas Ramblas de Barcelona, en su caso él era “payo”. Pese a que dentro del esquema dominante serían de clase baja, la sexualidad que tenían encajaba perfectamente con los valores patriarcales y se diferenciaba de los esquemas blancos, heterosexuales y de clase media por ser una versión de los mismos más primaria. Esta vecina recibía incontables palizas de su novio, el silencio de su familia y vecinos nos hacía a todxs cómplices de lo que pasaba. Recuerdo que en un caluroso verano, en un callejón cerca de casa vi a mi vecina vestida con un jersey de cuello alto y mangas largas, no entendía el motivo de esa vestimenta en verano. Luego supe que su novio no quería que “mostrase” nada a nadie. Ese día vi como su novio le gritó, cómo le pegó un certero puñetazo en la nariz, y vi sangre mucha sangre… Pasaron años para que esta persona se liberara de este engendro del patriarcado, pero lo tuvo que hacer ella sola.

sexmascMi silencio me hizo cómplice, como también lo soy en referencia a mi hermana, con la cual he perdido el contacto… Su novio, un “quinqui” de barrio, le pega habitualmente. Durante años aguanté que ese engendro la tratase como si fuese basura. Las pocas veces que hablé con mi hermana sobre sexualidad me comentó que a ella ni tan siquiera le gustaba el sexo, que le parecía asqueroso. Durante años callé, pero el día que abrí la boca para parar toda esa humillación cotidiana, mi hermana ya estaba demasiado lejos de mi, dependía de ese engendro, de esa alimaña que la dominaba y la consumía. Perdió todo contacto conmigo y se fue con él. Algún día, quizás, aparezca muerta.

Esto es fruto de una sexualidad, de una cultura, de un mundo patriarcal que explota a quienes se salen de lo establecido o de su rol, y hace cómplices a los que miramos hacia otro lado o, sencillamente, reproducimos en mayor o menor medida el papel que esta sociedad nos ha dado.

Hace un par de meses, cenando con un buen amigo, me comentó que los hombres, todos, absolutamente todos, eramos unos violadores en potencia. Creo que tenía toda la razón. Más si miramos las mujeres que tenemos en nuestro entorno… En mi caso me estoy sorprendiendo del número tan elevado de mujeres que han sido violadas, de hecho si tuviese que caracterizar una de las características más homogeneizantes en el ámbito femenino no sería otra que la posibilidad de que tarde o temprano toda mujer será violada o padecerá algún tipo de agresión sexual: por un desconocido, por algún familiar, por un padrastro, por un amigo e, incluso, por alguna pareja sentimental…

El mundo está podrido, la sexualidad está podrida, y, yo mismo, arrastro mucha de esta putrefacción dentro de mi. Entiendo a Valerie Solanas cuando apostaba por el exterminio del “hombre”. Si fuese una mujer también apostaría por ello. En mayor o menor medida la sexualidad dominante, patriarcal y misógena, está dentro de todos los hombres que he conocido, y está también dentro de mi. La hemos “mamado” desde pequeños, y pese a que intentemos liberarnos de ella, es algo difícil de conseguir…

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